lunes, 19 de agosto de 2013

Coyoacán, 20 de agosto de 1940


...ese grito, ese grito

 Él rememora la discusión encendida y visceral –casi francés, casi inglés, casi castellano- con Diego Rivera y Frida Kahlo. Lo lamenta. El asunto no es nuevo: la Revolución que conmoviera al mundo y al siglo ha dejado de ser una Revolución y ahora es la farsa y la tragedia a la vez. Piensa –no es la primera vez que lo piensa- que ninguna Revolución puede cerrarse sobre sí misma, si pretende continuar más allá de la primera victoria, que “el socialismo en un solo país” es el error teórico que lleva a la gran derrota en la práctica. Discuten. “El socialismo es patrimonio del mundo y de la humanidad, no de una nación”. Discuten. Diego Rivera y Frida Kahlo le acusan de izquierdista resentido y pequeño burgués. Le acusan de traidor a la única Revolución obrera y socialista. Él dice que en aquella Revolución ya no quedan revolucionarios y que una casta burocrática se enorgullece de detentar el poder del Estado. Él dice que hace tiempo que la Revolución se traicionó a sí misma y que no es contrarrevolucionario quién señala probables errores políticos, sino quién evita discutir como un marxista y manda eliminar a su contrario. Aquella discusión, casi en francés, casi en inglés, casi en castellano acabó mal y él fue expulsado de La Casa Azul. Una semana después se había trasladado a otra casa, con jardín y patio, en la calle Viena, también en Coyoacán.

 ...ese grito, ese grito

 Septiembre de 1939. El hombre desembarca en el puerto de Nueva York y su pasaporte dice que él es Frank Jackson, empresario canadiense. En París recibió la orden del NKVD de ejecutar al viejo revolucionario que, una vez establecido en Ciudad de México, no ha dejado de hablar contra la Revolución y su único líder, “el padrecito Iosef” como lo llama su madre. Al cabo de dos meses, él y su madre ya se han establecido en Ciudad de México. El agente Nahum Eitingon lo ha dejado todo dispuesto como para que él sea un empresario de una empresa que no es empresa. También le señala a una mujer, Silvia Agelof, es una de las secretarias del viejo revolucionario. Su misión es seducirla cómo sea. No tardará en conseguirlo. Cambia de identidad y pasado y se presenta como Jacques Momard, comunista francés.

 ...ese grito, ese grito 

 El muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, amigo de Diego Rivera, ha sabido cómo comprar la complicidad de Shelton Harte, guardaespaldas del viejo revolucionario. El 20 de mayo de 1940, David Alfaro Siqueiros, su cuñado Leopoldo Arenal Bastar y veinte hombres armados, entran en la casa de la calle Viena y realizan más de cien disparos buscando el cuerpo del viejo revolucionario. Fracasan. El muerto resiste gozando de buena salud. Caridad del Río, le urge a su hijo Ramón –que antes se llamó Frank Jackson y después Jacques Momard- que ha de acelerar la ejecución del enemigo número uno de la Revolución Soviética. Él sabe cómo hacerlo, sólo ha de conseguir un encuentro en solitario con aquel hombre. El 20 de agosto de 1940, Ramón Mercader del Río le dice a su novia, Silvia Agelof que quiere mostrarle unos papeles al viejo revolucionario. El otro accede a la entrevista y con aquellos papeles en la mano se acerca a la ventana que da al patio para leerlos mejor. Ramón Mercader del Río advierte sobre una mesa un piolet de escalador, lo toma en sus manos y lo hunde en la cabeza del viejo revolucionario. Su grito estremece todos los de la casa.

 ...ese grito, ese grito. 

 El viejo revolucionario muere al día siguiente. Su féretro lo acompañará una gran movilización de trescientas mil personas. Ciudad de México contaba, entonces, con unos cuatro millones de habitantes. 

 Ramón Mercader del Río, morirá el día 18 de octubre de 1978, en La Habana, a los 65 años, sólo entonces dejó de oír ese grito... ese grito.

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(lamento desconocer quién canta)

Salut, República i Socialisme





2 comentarios:

Tobias dijo...

This is gorgeous!

Eduardo Mancilla dijo...

¡Me encanta tu blog, camarada...! Abrazo desde Rosario, Argentina.