lunes, 30 de enero de 2012

sobre la crítica (diálogo 2)

a Luis López (Escomberoides) mi amigo y camarada de Madrid

Me matan si no trabajo
Y si trabajo me matan,
siempre me matan
(Atahualpa Yupanqui)

-No, no lloro...no lloro por el porvenir de la clase obrera, es esta puta cebolla. Cada vez que preparo el relleno de las empanadas, me pasa lo mismo –Morán ríe y se seca lágrimas con la manga de la camisa.


-Es que usted insiste en picarle hasta los detalles, ya me gustaría verlo así de exhaustivo cuando intenta ajustar sus análisis con el materialismo histórico –apunta el Otro.

-¿Sabe? Siempre he pensado que la cebolla cortada fina es el aliento de la carne picada y ahí sí, ¿ve?...
-...ya, ya lo veo venir, Morán –le interrumpe el Otro-, lo veo venir en falsa escuadra, a tanguearme una de esas alegorías suyas, rémoras de viejo militante sindical y rojo...

-...no me haga reír que aún lloraré más. Usted piensa que yo soy Discépolo, ¿no? Pero observe, observe esta carne picada que entra sola y cruda a la cacerola, sin otra complicidad que la de la cebolla espolvoreada de orégano y aunque después venga el comino, el pimentón, el ají molido, la sal y el fuego lento, el contacto de esa carne con la cacerola caliente...

-...¿me está queriendo decir algo acerca de la conciencia de clase? –pregunta el Otro y continúa-, primero cruda, muy cruda, sólo cuenta a su favor con el aliento de la cebolla, hará su experiencia en la cacerola burguesa y, gracias al condimento del marxismo, se forjará a fuego lento hasta quedar lista para la acción...

-“ ¡Atruena la razón en marcha!” –entona Morán, casi en un murmullo y blandiendo la cuchara de madera a modo de batuta.
-

...luego –continúa el Otro-, supongo, que aquella carne que ya no está cruda, sino guisada y transformada cual síntesis hegeliana, se envolverá en ligera masa para convertirse en el mejor alimento de la conciencia crítica de la clase obrera...

-“¡Es el fin de la opresión!” –continúa Morán. Tapa la cacerola y la retira del fuego.

-He de pensar –apunta el Otro- por su forma de impostar la Internacional, que mis deducciones y sus especulaciones coinciden. Si es así, le diré que la caga porque la alegoría siempre es acrítica, no en vano es la retórica del sermón. En cambio, las empanadas, históricamente hablando, siempre han sido y serán la gula del pueblo.

-Mire, estoy de acuerdo con usted que la alegoría no sirve, pero no me negará que la conciencia de la clase obrera se parece mucho a la carne picada y cruda... –Morán no puede continuar.

-...mire Morán, deje las alegorías junto al relleno de las empanadas, pero no en la misma cacerola, que igual lo amarga. Mañana, su amante ya se encargará de freírlas...
-...sí, mañana, primero de mayo –interrumpe Morán-, no crea, yo también lo veo venir a usted. Hace rato que me quiere llevar hacia la crítica histórica. Lo conozco. Hace años que nos conocemos.
-Me alegra saber que me conoce. Sabe, Morán? Toda crítica implica conocimiento. El conocimiento está en el final de la crítica histórica.


-Pensaba que para usted era el marxismo?

-El marxismo, el materialismo histórico, concretamente, es sólo un método, quizá el mejor, para una crítica histórica. El marxismo es el único que entra de lleno a “a matar estructuras”. Se ocupa tanto de lo que ocurre en una determinada estructura económico- social como del desarrollo de la lucha de clases en dicha estructura –sentencia el Otro.

-¿Y después?
-Después. Se supone que el discurso crítico se completará con la integración de las otras estructuras subsidiarias, es decir: ideología, política y cultura, más o menos, por ese orden. Y al final... al final –insiste el Otro- todo ello conforma una teoría capaz de explicar cualquier etapa histórica compleja. La solvencia del marxismo, como teoría de una crítica histórica, surge del contraste y enfrentamiento permanente con otras teorías que tienen idénticos intereses.

-El famoso falsacionismo del que usted hablaba el otro día –apunta Morán.

-Exacto. Y mire, los marxistas hemos visto llegar y pasar de largo a Max Weber, al mismo Popper y hasta el inefable Georges Duby, por no hablar de historicistas de todo pelaje –se entusiasma el Otro.

-¡Uy! los historicistas. Hay gente que aún habla del historicismo marxista.

-Morán, al viejo Carlitos le han hecho decir ¡cada cosas! Mire, el historicismo se llevaba muy bien con la Enciclopedia, tanto que pocas veces salieron de esa comodidad. Síííí, hablaban del devenir del ser humano, pero al final ¡filosofía del espíritu! Y así les fue con sus previsiones históricas, una teoría completamente roma a la hora de explicar los procesos históricos. Los historicistas se cagaban en las patas cuando tenían que hablar de la lucha de clases o de la falta de legitimidad histórica de la burguesía para tutelar el poder del Estado. Mire, cuando tenga tiempo, búsquese en la Biblioteca Municipal una biografía de Benedetto Croce, él sintetiza, como nadie, lo que fue el historicismo.

-Y de los otros?
-Uff, usted es peor que la cebolla, al final acabaré llorando con tanta pregunta sobre estos personajes que nunca me cayeron simpáticos. Es gente que siempre me ha parecido que se hacían trampas jugando a El Solitario. A todos les unió el miedo al mismo fantasma, sí el del comunismo.
Max Weber, después de unas excursiones interesantes sobre las influencias de las religiones en los modos de producción, se quitó la careta cuando escribió “Economía y Sociedad”. Además de sustituir la lucha de clases por la estratificación social, acuña, en ese texto, dos famosos conceptos: uno, el Estado burgués ha de detentar el monopolio de la violencia y otro, el mercado es el motor de la sociedad. Y aún hay socialdemócratas que reivindican postulados de este señorito que, además pasaría a la historia por haber redactado un artículo de la constitución alemana que acabó legalizando el golpe de estado de Hitler.

-Comprendo su amargura y si no quiere no hace falta que me hable de Popper

-¡Qué remedio! Le hablaré, le hablaré. Éste es otro “enfant terrible” con un miedo cerval al comunismo. Se inventó el truco de las sociedades abiertas y sociedades cerradas. Las primeras serían las democracias burguesas que copiarían a la democracia de la Grecia clásica, con políticos puros, alentados por la ética y la bonhomía, que velarían por el bienestar del pueblo, eso sí, sin recortar ni ápice el poder del Estado. Y en la orilla opuesta, las sociedades cerradas donde igualaba fascismo y comunismo. Por supuesto, para sostener esta sal gorda intelectual se pasaba por los cojones su teoría del conocimiento y hasta su falsacionismo. De todos modos, le reconocía al marxismo “una voluntad caritativa con los más pobres”. Siempre he pensado que Popper, en muchas cosas, mentía más que pensaba y lo hacía con la complicidad de toda una materia gris-grisácea europea, sobre la que es mejor callar para no decir barbaridades.

-No siga, mejor no siga, me es igual continuar en la ignorancia más absoluta respecto al señor, Georges Duby.
-Este hombre era un medievalista interesante, hijo de Annales, una revista francesa que dio para todo tipo de fauna. En los años sesenta este hombre comienza a hablar de Historia de las Mentalidades. Aquello no pasaría de ser un concepto vago e impreciso, una especie de cajón de sastre donde cabía casi todo. Y digo “casi” porque los únicos que no encontraron acomodo fueron aquellos que “mataban estructuras” económicas. En cuanto acotó su teoría, no quedó ninguna duda de su estrategia: disputarle la cancha al marxismo, pero sin pregonarlo. De todos modos, no le negaré que algunos de sus resultados sobre el estudio de las economías precapitalistas no fueran muy interesantes. Muerto Duby, aquello se volvió más errático que nunca.

-Huela, huela esto –dice Morán destapando la cacerola- y emociónese un poco. Deje que lo que le entra por la nariz le salga después por la imaginación.
-Morán no se pierda conmigo, que esto no es más que el relleno de unas empanadas. Mañana le explica usted a su amante toda esta metafísica y lo que de ella se pueda seguir. Si después la Martina lo manda a parir panteras, yo estaré ausente, como siempre en esos casos.
-No vaya tan rápido, que igual el río no la deja cruzar, ¿o no ha visto como ha crecido en estos últimos días?
-Vivimos en una isla en medio del río Negro y si llueve durante una semana seguida, el río crece. Puro Perogrullo –afirma el Otro-.

-Nunca le he preguntado ¿qué es aquello que más le interesó de Marx?

-Al fin me hace una pregunta concreta. Si obviamos El Manifiesto por su elementalidad, una obrita interesante es Las luchas de clases en Francia 1848-1850, después de leerla vale la pena seguir con La Educación Sentimental de Flaubert y ya me contará. Tampoco está nada mal El 18 brumario de Luis Bonaparte o lo que escribe en La Nueva Gaceta Renana. Y, más que Das Kapital que es bastante duro de roer, me quedo con los Grundrisse que serían los borradores de su “gran obra”. Aunque, qué quiere que le diga, para mi lo mejor es, sin duda, La Contribución a la Crítica de la Economía Política ...

-...coincidimos, una extraordinaria formulación conceptual del materialismo histórico y, por supuesto, aquella inolvidable frase del prólogo: “no es la conciencia lo que determina al ser social, sino el ser social quién determina la conciencia” –sonríe Morán, orgulloso de su memoria. Pone la pava al fuego y se prepara unos mates. Mira por la ventana de la cocina. Llueve. Hace una semana que llueve. El parral del patio ha quedado desnudo y en el suelo, el ocre de las hojas caídas vetea el barro de los charcos. Se vuelve hacia la cocina de leña. La pava ha comenzado a silbar bajito. Se sirve el primer mate.

-Y para acabar –continúa el Otro-, le daré de comer al Narciso de su memoria -Morán se sonríe-Hay una gran obrita que escribe don Federico Engels y completa Marx, "Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana". Más allá de la crítica feroz al materialismo vulgar que hace Engels, se la recuerda siempre por las once tesis que Marx añade al final...
-... “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de interpretar de diversos modos el mundo, de lo que se trata es de transformarlo”, oncena tesis –sentencia Morán, mientras pone otro tronco de leña en la boca encendida de la cocina., le da una chupada al mate, acaricia el lomo del perro y añade-. Y se está dejando a Lenin.

-Otro día –responde el Otro si ocultar su fatiga-. Por ahora recuerde que siempre preferiré el Lenin de las Tesis de Abril y aquel grito desde la barricada de la Historia: “¡Todo el poder a los soviets!” Preferiré el Lenin de El Estado y la Revolución quizá lo mejor que escribiera don Vlady . Y me gusta muchísimo menos el ¿Qué Hacer? Una interpretación bastarda del centralismo democrático le sirvió a PepeStalin para perpetrar el Estado que perpetró... y ahora páseme un mate, que aunque yo sea quién soy, a esta hora de la tarde hay cosas que son sagradas, además de mi silencio.

Morán se carcajea porque ya sabe lo que tiene que hacer.

ni O comentario: quien haya llegado hasta aquí sin desfallecer ni acordarse de toda la generación García Saritzu, pues quisiera conocerlo y pagarle un vodka o un té ruso, claro. Por ahora sólo puedo anunciarle que tanto Gulda, como Herbie Hancock, interpretando este tema de Miles Davis, All Blues, un "temita" de 1959 incluído en Kind of Blues. Atención a una arrancada de Gulda sólo sobre blancas que sólo se puede inventar un histriónico genial como él.

Aclaración: El Discépolo que se menciona en el texto es un autor de tangos, que entre otros está el conocido y famoso Cambalache.

9 comentarios:

Luis dijo...

Honor inmerecido, Hugo, se agradece el detalle. Como no podía ser de otra manera, muy interesante e instructiva tu entrada. Efectivamente habrá que releer a los clásicos y también, ya que estamos, “releer” la realidad, a ver si de una vez por todas encontramos la manera de acabar con el sistema capitalista y de camino con todos los que de él se benefician y, claro, por eso lo apoyan y lo defienden con esa saña.
“no es la conciencia lo que determina al ser social, sino el ser social quién determina la conciencia”, pues eso, que según Marx no es culpa mía, es que nací pobre y “rojo”, por mas señas.
Salud y comunismo.

hugo dijo...

Hola Luis:
De inmerecido nada xaval, que poco bloss dan la caña que das tú -el de Manuel Delgado, El Cor de les aparences es el otro que desde una perspectiva marxista da la misma caña que das tú y te recomiendo que lo enlaces-.

Luis, has de saber que cuando pensé el personaje de "el Otro" no caí en que así se llama tu "otro" blosss y fue entonces cuando decidí que si el diálogo sobre crítica histórica llegaba a buen puerto, ya tenía un destinatario preferente.

Seguimos leyéndonos y escribiéndonos,

un gran abrazo,

salut, república y socialismo,

Susana Camps dijo...

Monumental repaso del siglo XX, Hugo. Una entrada muy jugosa. Yo poco más te puedo transmitir que mi admiración, ya que no suelo adentrarme por lecturas filosóficas ni políticas, y también desconozco los blogs de esta tendencia; disfruto más cuando te leo como narrador. Pero igual quería dejar testimonio de mi paso y mi lectura.
Abrazos

Daniel dijo...
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Daniel dijo...
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hugo dijo...
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Daniel dijo...
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hugo dijo...
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hugo dijo...

Hola a todos:

Después de una desagradable polémica, no pretendida por mi, con Daniel, del bloss: Ser, el despertar de la conciencia. Y como no estoy dispuesto a que este bloss sirva para ataques personales. Acepto discrepancias y críticas, las que vengan, pero siempre que se mantenga cierto decoro a la hora de exponer los argumentos.

Por lo tanto, he decidio, primero eliminar todos los comentarios que generaron dicha polémica y para no tropezar dos veces con la misma piedra activaré, durante un tiempo la moderación de comentarios.

salut