jueves, 29 de octubre de 2009

La paradoja y la revolución



fotografía de Araceli Merino



I. el fotógrafo y la ideología

El fotógrafo, cuando deja el paisaje o el retrato y busca su objeto estético en la realidad de una ciudad (que contiene, también, infinitos retratos y paisajes), necesariamente asume una postura ideológica. Es decir, un concepto, más o menos sistemático, del mundo y de las cosas rige cuando el disparador queda ligado a la expresión, pero también, en el momento en que el descarte balancea la opción. Las fotografías de ciudades, (incluso las postales) suponen cortes sincrónicos de la vida cotidiana de dicha ciudad, cortes infinitesimales de espacio y tiempo que muestran y ocultan una realidad.


II. el palimpsesto y la revolución

En esta fotografía de “La Habana vieja”, las columnas que aparecen en primer plano evidencian tanto el paso del tiempo, como el rastro de la huella humana (no han escapado a los laberínticos cableados de La Habana). Hay que suponer que en una determinada época sirvieron para dar continuidad a unos soportales. La caída de una parte del techo las despojó de toda funcionalidad urbana, pero sirvió para dejar expuesta la crudeza de unas fachadas que acusan la dejadez y la eternidad del arreglo provisional (rejas, puertas, etc.). Estos parches sobre parches detrás de unas columnas meramente decorativas componen un palimpsesto que obtiene su jerarquía en la identidad de la decadencia, pero que deviene, también, en instancia simbólica de la paradoja revolucionaria.

III. ¡mecánicos! ¡mecánicos!

Buicks, Oldsmobiles, Dodges, De Soto, Plymouths, Pontiacs… todos modelos de finales de los cincuenta que circulan habitualmente por La Habana y por buena parte de Cuba. Mérito exclusivo de unos mecánicos creativos que ante la necesidad asumieron su responsabilidad.
En la fotografía sólo aparecen dos coches. Suficientes, pienso, para balancear la otra parte de la paradoja. Es decir, si por un lado impera el desinterés por el mantenimiento o la restauración urbanística, sin una confianza revolucionaria estos coches no llevarían cuarenta años circulando.


IV. hasta siempre

La fotografía acierta al exhibir lo que se conoce como la paradoja cubana. La Revolución ha sufrido y resistido ataques de todo tipo y, al bloqueo, hay que añadir una especie de cordón sanitario ideológico para prevenir su “contagio” en el resto de América Latina. Sin embargo, la Revolución ha sido víctima de sus propios errores. Sus revolucionarios quedaron atrapados en la gestión del poder. Liquidaron sus ideales. Se burocratizaron y pusieron a invernar a la utopía. Todas las revoluciones pecaron de lo mismo...y así nos ha ido.

3 comentarios:

MGJuárez dijo...

Un análisis muy acertado, tanto de la fotografía y esa "elección" que se realiza cuando determinas qué vas a fotografiar, como de esos edificios en ruinas que de forma mayestática nos ofrecen la decadencia de otro tipo de imperialismo (ahí, ahí quedan imponentes, con sus fauces abiertas, con sus columnas omnipresentes y caducas, símbolo de otro tiempo de esplendor capitalista).

Sin embargo, como bien nos detallas, esos portentoso coches, mantenidos con ingenio y tenacidad, a mi entender simbolizan la ilusión del día a día.

Un abrazo,
Montse.

hugo dijo...

Gracias Montse por tu comentario, sobre todo viniendo de alguien con tanta sensibilidad por y con la fotografía como tu.
chau,
hugo

Araceli dijo...

Ostres Hugo!
No podia ser millor l'anàlisi dels elements d'aquesta fotografia. A partir d'una lectura de gran calatge semiòtic has fet un raig X de la mateixa essència de l'estat actual de les coses en un país castigat per l’aïllament i desemparat per una revolució marcida (com apunto en el meu blog). Amb la teva mirada aguda i la ploma sàbia, en tàndem, analitzes una realitat que necessita ser meditada, sobretot ara 50 anys després de la revolució castrista. Estic amb tu. Al final sempre acaben pagant els mateixos. Arreu! Gràcies una vegada més per honorar una foto meva amb les teves sàbies paraules.